Resumen

“En la hora
punta
de la vida“©
La “carrera de la conciliación“
en el 
punto de mira del conflicto existente entre la profesión y la familia

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Prof. Dr. Dr. Walter Schmidt

www.rushhour-of-life.com

Resumen sumario y perspectivas

Perspectiva etnológica
“Un vistazo a las sociedades de otras culturas no ofrece en ningún lugar un modelo de la lucha por la igualdad de oportunidades entre los hombres y mujeres de nuestra sociedad. Nuestro modelo de matrimonio no es, en realidad, el estándar del mundo. Esto significa que las formas de convivencia de otras sociedades, menos centradas en las parejas, pueden ser esencialmente diferentes a las nuestras. La forma de relación de pareja que nosotros conocemos no es la forma habitual en el mundo sino una forma especial; viene a ser una construcción excepcional“.

Perspectiva fisiológico-conductual
“Existen situaciones en las que inevitablemente se dan cooperaciones y conflictos y ello en general, entre individuos, sexos y generaciones, pero también entre genes y programas de comportamiento inducidos por la propia cultura. Los programas no solamente se memorizan y reproducen en los genes sino también en las mentes. No solamente acceden a los nuevos individuos portadores a través de las células germinales, sino también por tradiciones; no sólo se difunden por procreación sino también por el convencimiento, con lo cual requieren una conducta individual completamente diferente a la que sería propicia a la divulgación de los programas genéticos. Por consiguiente, no es de sorprender que la cultura no siempre favorezca la procreación. Cualquier comportamiento erróneo, no propicio a la divulgación del programa, se elimina automáticamente. Esto tiene consecuencias evolutivas, toda vez que el programa de más éxito puede ser transmitido a futuras generaciones y allí, en determinadas condiciones del entorno, desarrolla un comportamiento correspondiente. En principio, da igual el modo en que el programa pase a la nueva generación. Deberemos acostumbrarnos a la imagen del individuo humano como órgano ejecutor de múltiples programas de comportamiento que frecuentemente actúan enfrentándose entre sí y que siguen existiendo actualmente justamente porque en el pasado programaron a sus portadores con éxito. Entre tanto, este tipo de programas actúan contra programas genéticos antiquísimos; van “contra natura”, como las medidas
anticonceptivas y el control de la natalidad. Igualmente antinatural es el estado del
bienestar, que es inestable en su evolución porque (cosa casi naturalmente necesaria) es explotado y socavado por las tendencias egoístas de las personas. El que nosotros
debamos a nuestro cerebro la utilidad derivada de la trasgresión de los diez mandamientos es una de las incómodas conclusiones derivadas de estas reflexiones“.

Prólogo
“The biographies of successful people often show impressingly that not the career itself
was their target, but to successfully solve the tasks they had to face. The successful ones had a persuasive enduring though dynamic feeling of confidence that one’s internal and external environments are predictable and that there is a high probability that things will work out as well as can reasonably be expected.”
Aaron Antonovsky
“Health, Stress and Coping.”

“Las biografías de las personas de éxito muestran frecuentemente de un modo
impresionante que la carrera no era la meta en sí, sino resolver con éxito las tareas que se les encomendaron. Las personas de éxito tenían un sentimiento de confianza sumamente firme y estable, pero también dinámico, de que el entorno tanto interior como exterior es predecible, así como de que con mucha probabilidad las cosas evolucionarán del modo que razonablemente cabe esperar“.

Resumen sumario y perspectivas
Casi ningún otro conflicto de los pasados decenios ha caracterizado a nuestra sociedad europea como la lucha entre hombres y mujeres por la igualdad de oportunidades en todos los aspectos socialmente importantes. El conflicto entre el éxito profesional y la configuración armoniosa de la familia es simultáneamente el foco de este forcejeo, ya que la gran mayoría de los habitantes de nuestra sociedad está directa o indirectamente afectada por el fenómeno. A este respecto, cabe considerar que nuestro modelo de matrimonio no es en realidad el estándar del mundo, pues las sociedades de otras culturas están mucho menos centradas en las parejas. En nuestra sociedad, centrada en las parejas, la felicidad y la satisfacción de las personas se cifran en el trabajo y las relaciones personales, siempre que éstas se encuentren en equilibrio. La realidad social, no obstante, no manifiesta armonía sino un complejo entramado pluridimensional de conflictos, caracterizado por diferentes aspectos en las diversas etapas de la vida y que genera unas configuraciones inevitables en el sistema de la díada que supone la relación entre el hombre y la mujer. En el foco central de esta discusión se encuentra el concepto de “carrera de la conciliación“, que viene a ser aquella fase de la carrera en la que se cruzan y deben conciliarse el trabajo remunerado y el hecho de ser padres (especialmente la responsabilidad respecto a los niños aún no independientes). El grupo de destinatarios central contemplado abarca a los directivos jóvenes masculinos y femeninos de una experiencia laboral de 5 a 10 años y con niños en edad escolar y preescolar. En esta fase de la vida y la carrera se dan los conflictos más arduos entre la orientación familiar y profesional, ya que en esta misma fase tanto la carrera profesional como el cuidado de los niños requieren la mayor dedicación. La situación se agrava cuando tiene lugar un cambio en la concepción de los valores personales y las condiciones de vida, ya que una gran cantidad de personas en edad laboral no se identifica en Alemania verdaderamente con sus metas profesionales, sino que se genera una disparidad entre los fines y la identificación, cosa que hace aumentar la frustración con el aumento del nivel de vida. Además las personas desean cada vez más autorrealizarse, de ser posible, al margen de la profesión y de la familia. La intensidad de la frustración a la que están expuestas las personas o a la que se exponen ellas por sí mismas va en aumento. A pesar de que disminuye la motivación laboral, para muchos directivos
Véase la  Diagrama del proceso.

Equilibrio entre la profesión y la familia, jóvenes la carrera no deja de ser un objetivo en la vida que proporciona reconocimiento, ingresos y poder. Los directivos han de obtener un rendimiento máximo en dos mundos diferentes cuyas reglas divergen. Los criterios considerados necesarios en el mundo laboral, o sea, la solidez, la resistencia, y la ausencia de sentimentalidad, se malinterpretan en el mundo familiar, que a su vez requiere ternura, calor humano y comprensión. Las necesidades de movilidad en la profesión tienen además por consecuencia una enajenación en el entorno de las relaciones sociales.

La tensión de la doble carga a causa del trabajo y la familia aumenta día a día y,
como se ha dicho, incluso noche a noche. En caso de que los hombres y las mujeres se decidan por uno de ambos ámbitos, quedan excluidos del modelo de éxito del otro. Se estrecha la línea de demarcación entre “burn out o surmenage“ y la “convivencia social“. En la profesión empiezan a dispersarse las jerarquías existentes, ya que los jóvenes directivos no pueden negarse a obedecer a sus superiores y al mismo tiempo exigir obediencia a sus subordinados. El cambio de las condiciones de vida de nuestra sociedad está caracterizado por el hecho de que los valores relativos al desarrollo personal como son la emancipación, el placer, la autorrealización y la independencia han relegado a los valores anteriormente dominantes, es decir, al sentido del deber y a los valores relativos a la aceptación o el consentimiento, como son la obediencia, el espíritu de sacrificio, la disciplina y el altruismo. La familia como grupo social se ha hecho más frágil, porque aumentan las pretensiones de poder de sus miembros. Por otra parte, el sistema de valores y control determinante del carácter del personal directivo ha de ajustarse nuevamente.

Como complemento de las concepciones formales que tanto el Estado como las empresas ofrecen con vistas a la superación de las situaciones conflictivas entre profesión y familia, en la presente disertación se plantea una solución partiendo del concepto de salutogénesis de A. Antonovsky. Abordamos la cuestión de cómo los individuos (no ya la sociedad) pueden enfrentarse con éxito, de un modo razonable y efectivo, al conflicto existente. Esta concepción se basa en la constatación de que la enfermedad y la salud actualmente no consisten en estados que se excluyen recíprocamente, sino en los extremos de una línea continua que podemos imaginarnos como un movimiento constante en la línea que delimita la salud de la enfermedad, algo que cabe denominar como “línea continua de salud-enfermedad”. En la interacción de factores protectores y de riesgo, el ser humano es capaz de manejar situaciones vitales o conflictos críticos, regular sus recursos, aumentar su potencial de superación, así como desarrollar el sentido de coherencia, de propósito, integridad y bienestar. Mediante exámenes empíricos, Antonovsky ha demostrado que las personas sanas disponen de una orientación global anímica e intelectual que él mismo ha denominado “sentido de coherencia” (SOC).
Viene a expresar en qué medida se cuenta con un sentimiento de confianza firme,
estable y, a pesar de ello, dinámico, de que los conflictos a los que uno se enfrenta son estructurados, previsibles y explicables. Y que las personan disponen de los recursos necesarios para enfrentarse a dichos conflictos, que se trata de retos, a los que vale la pena enfrentarse y esforzarse por superarlos. Según Antonovsky el ser humano dispone de reservas generalizadas con las que puede resistir y hacer frente a los factores causantes del estrés. Si se define el sentido de coherencia como atributo estable, que no se caracteriza por condiciones individuales, sino sociales y culturales, es posible aplicar el concepto de salutogénesis a nuestro grupo de destinatarios, lo que permite llegar así en primer lugar a soluciones teóricas y luego a varias de índole práctica. En el plano teórico entendemos que una imagen positiva de sí mismo, el apoyo social, la experiencia y la coherencia (o sea, la comprensión del entorno) así como el gestionar las exigencias de la vida (entendidas como el equilibrio entre unas exigencias excesivas y otras insuficientes) evitan que las tensiones se conviertan en estrés. Esto puede conseguirse gracias a la regulación de las emociones que determinan la autoestima. En el contexto del reconocimiento social, o sea, en la participación en las decisiones en el ámbito social se cristaliza lo que podríamos llamar la conciencia del sentido y la sensación de tener importancia. La autoestima, la identidad y la preservación de sí mismo son otros importantes recursos de resistencia.

Los planteamientos de soluciones prácticas van por otro camino. Se representa un
proceso co-evolutivo, mostrando el camino a seguir en varios escenarios en los que tiene lugar la superación. Este proceso describe sistemas de desarrollo diversos, complejos pero también interdependientes que, a pesar de ciertas perturbaciones, impedimentos y conductas erróneas de los actores, de un modo ideal pueden llevarlos a un equilibrio duradero en la realización de los diferentes modos de relacionarse. El punto de vista subyacente a las explicaciones se centra en la familia. Por nuestra parte, consideramos el desarrollo de una familia, que en la medida de lo posible actúe sin conflictos, como un pilar fundamental para el éxito de las economías nacionales de nuestro macrosistema. La meta consiste en condiciones laborales favorables para las familias, no en unas familias favorables para las relaciones laborales. La “co-evolución“ se refiere en la presente exposición a la influencia recíproca en el desarrollo personal de las parejas que conviven entre sí. Se trata del modo en que las personas se desarrollan en la convivencia y se adentran por caminos que no serían comprensibles careciendo de pareja. Cuanto más armónica sea la relación, tanto más se solapan los intereses de los individuos por aquellos otros desarrollados a partir de la relación, sin que unos queden ignorados a causa de los otros. En este mundo a construir a modo de díada se encuentran, por una parte, las relaciones sociales, pero por otra se crea el límite de lo privado frente al mundo exterior. Puesto que el individuo no solamente vive en el mundo de la pareja sino también en otros ámbitos, como el profesional, ha de integrar en sí mismo en calidad de miembro de diversos sistemas constructivos las oposiciones y contradicciones de estos mundos. Con el concepto de salutogénesis contamos con un instrumento capaz de reducir esencialmente los conflictos dados entre los microsistemas de la familia y el trabajo. Por nuestra parte, ponemos a debate los recursos y procesos de coping (ser capaces de sobrellevar situaciones difíciles) que muestran fórmulas que hacen que el conflicto entre las orientaciones profesional y familiar resulte comprensible, manejable e incluso razonable o útil.

Desde el punto de vista ético, la familia moderna ha de definirse como unión vital y
comunidad de convivencia intergeneracional y personal; esto se refiere al hecho de ser
padres, a la vida en común y a la personalidad. Desde el punto de vista cristiano, la
familia es portadora de valores sociales, personales y religiosos. El amor, la cultura y la
educación se encuentran en el centro de interés; aquí, en un ambiente cálido y de ternura, los niños aprenden más fácilmente el verdadero orden de la realidad. Por ello, el matrimonio y la familia constituyen una unidad inseparable en el sistema de valores
cristiano. La ética familiar se basa en el concepto cristiano de la persona, según el
cual el ser humano se define como “ser“ y “parte del prójimo“ junto con otros seres, o sea, en calidad de ser individual al tiempo que social.

La familia se encuentra en un proceso de transformación ético-social, caracterizado por
una creciente individualización. En un caso extremo, en las relaciones familiares que se
convierten en sustituibles dentro y fuera de la familia, tan sólo se manifiesta la autonomía de la biografía personal del hombre y la mujer. Los otrora intensos vínculos religiosos de las uniones familiares pierden efectividad e influencia a causa de la creciente secularización de la sociedad. La persona actualmente ya no se percibe tanto a sí misma como parte de un todo superior, sino como individuo. Ya no vive en un pequeño mundo vital uniforme, sino que deambula entre diversos entornos vitales, a saber, un puesto de trabajo altamente especializado, la vida en el espacio público y en el seno de la familia. Como resultado del egocentrismo tanto masculino como femenino, aumenta el potencial de conflictos en el matrimonio, en las parejas y en las familias. La cuestión que se plantea es cómo se podría romper este círculo vicioso. Los cónyuges han de buscar soluciones individuales, pactar entre sí (partiendo siempre de cero) el modo en que las obligaciones, presiones o ambiciones relativos a la seguridad de la manutención, la carrera y la profesión puedan ser conciliados con los deseos y opiniones de la pareja y la familia.

Un primer paso en esta dirección es el conocimiento de que la mejor forma de autorrealización encuentra su expresión precisamente en el encuentro personal, especialmente en las relaciones amorosas. Todas las formas de autorrealización, por medio del conocimiento de sí mismo, en el encuentro con el otro y en la realización de la propia labor y servicio, son bases de la concepción de superación que estamos tratando. Un segundo paso viene a ser la disolución del reparto de los roles del pasado y el efectuar un nuevo reparto, lo que puede estar condicionado por la fase concreta de la vida por la que se esté pasando pero, en general, tiene como consecuencia una mayor diversidad de funciones para ambos géneros. En estos tiempos de cambio que estamos viviendo, cada uno de los individuos es responsable de la configuración de su propia personalidad, de la elección de su capacidad de acción y, por ende, de su propia imagen tanto de la masculinidad como de la femineidad. Tan pronto como un niño nace, ambos miembros de la pareja han de acostumbrarse de nuevo a un cambio de funciones, han de hacer su “carrera familiar“, en la cual la pareja misma ha de adaptarse a las nuevas relaciones que traen consigo los niños, a la diferenciación de las funciones como miembros de la pareja y de padres, así como a la alianza práctica que el hecho mismo de ser padres requiere. Las diferencias en el comportamiento que lleva a la superación de los conflictos dependen de los diversos estilos de unión de los miembros de la pareja y de su modo de concebir losroles de ambos sexos. Unos “mapas de pareja“, por así decirlo, pueden profundizar el conocimiento, la percepción y la comprensión de la pareja.

Los vínculos emocionales, el sentimiento y el amor son los recursos principales para la solución de los conflictos. Las emociones vienen a ser el elemento más subjetivo de la conciencia humana, si bien tanto ésta como las emociones genéticamente programadas pueden controlarse por medio de la reflexión sobre sí mismo. Las diversas modalidades del amor, desde el amor apasionado hasta el romántico, tienen un efecto cohesionador, tan importante para las relaciones de pareja, y cabe destacar la importancia de este fenómeno precisamente en los conflictos. La función principal de los sentimientos positivos consiste en ampliar el repertorio de pensamientos y acciones de los miembros de la pareja y, por ende, aumentar perdurablemente los recursos personales (psíquicos, intelectuales y sociales). Como energía fortalecedora, el amor ha de contemplarse también desde el punto de vista de la espiritualidad y de la reflexión filosófica.

Un recurso de superación de conflictos no menos importante y que atañe tanto a la familia como a la profesión consiste en la capacidad y la inteligencia emocional. Aquello que se necesita para llevar una buena vida no es otra cosa que la inteligencia emocional, destinada a conocer y reconocer las propias emociones y, por ende, poder proceder de acuerdo a las propias emociones y aplicarlas a la realidad. El autodominio emocional, o sea, el aplazar las gratificaciones y el contener la impulsividad, son la base de cualquier tipo de éxito. Forma parte de la inteligencia emocional la empatía, la conciencia de lo que otros sienten o el arte de vérselas con las emociones de otras personas, lo cual se traduce en competencia social e integridad emocional. Los padres emocionalmente inteligentes transmiten a sus hijos autoconfianza, curiosidad, prudencia, intencionalidad, autodominio, afecto, capacidad de comunicarse y la predisposición a ayudar.

Es mérito de A. Antonovsky haber mostrado con su concepto de salutogénesis la vía intermedia entre el carácter temperamental y la socialización, así como haber superado la dicotomía dada entre el pensamiento y la actuación. El vínculo entre la comprensión y la actuación refuerza el sentido de coherencia, aumenta la capacidad de afrontar conflictos y la posibilidades de sobrellevarlos, con lo que viene a convertirse en un requisito para crear el mundo que comparte la pareja.

La utilización de los recursos creados puede tener como consecuencia una modificación de la conducta en la relación, una aproximación de los distintos valores y opiniones, que en sí son más importantes que las semejanzas de los diversos perfiles de carácter personal. Partiendo de los recursos personales, los miembros de la pareja se encuentran en condiciones de acomodarse en tanto cónyuges y familia con niños en el mundo interior creado por ellos mismos o, dicho de otro modo, los cónyuges construyen su propio mundo. A este respecto, el sentido de coherencia constituye un recurso primordial, que contribuye a determinar los procesos tanto cognitivos como emociones y los móviles de la relación de pareja. El sentido de coherencia desempeña una función catalizadora a la hora de afianzar los recursos de resistencia social; viene a ser simultáneamente la fuerza motriz de la disponibilidad a desarrollarse de las parejas, o sea, de acometer juntos el proceso a través del cual las conductas convergen. La pareja empieza así a percibir y aceptar las diversas conductas presentes en la relación. El interés personal ha de satisfacer justamente por propio interés el interés del otro y responder a las demandas de la pareja. Ha de respetarse la justicia inherente a la relación y la equivalencia de ambos miembros, una participación equivalente en la relación misma. El proceso de influencia recíproca es un modo de apoyar, limitar y desafiar.

Si uno o los dos miembros de la pareja aprovechan plenamente sus aptitudes al hacer frente a los desafíos que aún pueden resolver en una situación extrema, puede tener lugar una llamada “experiencia de flujo“, una especie de estado de levitación que no solamente los deportistas describen como el modo más pleno de vérselas con las propias metas. Para una experiencia idónea se necesita un sutil equilibrio entre la propia capacidad de actuación y las posibilidades reales y disponibles de actuar, sólo de este modo se obtiene el control sobre la calidad de las experiencias. Para que las metas conjuntas desemboquen en la interacción que refuerza la complejidad de la familia, los miembros de la familia misma han de encontrarse simultáneamente diferenciados e integrados. En una familia de miembros integrados las metas diferenciadas son importantes para todos los miembros. Los ritos crean el espacio de actuación necesario para ello y la humildad de los miembros consistente en subordinarse determina el éxito de la familia en tanto grupo.

Por medio de la utilización de los recursos también debe mejorar la conducta de la
relación de pareja, de modo que los mecanismos de control se reconozcan y respeten. Dado que los factores de estrés son omnipresentes, estamos abocados a un coping permanente. En este proceso de superación, la relación de pareja se desarrolla gracias a una constante dialéctica de reacción y corrección. La adaptación entre la personalidad y la relación de pareja es el resultado de constantes interacciones o transacciones que durante un tiempo considerable actúan como mecanismos de control. Para que estas mismas transacciones puedan transcurrir del modo deseado, es necesario controlar el compromiso de todos los participantes. Debe haber la disposición personal a planificar la relación a largo plazo y concertar acuerdos vinculantes. Éstos deben regular la relación entre la separación y la unión, el modo de actuar ante situaciones lógicas y las incongruentes, los contactos externos compartidos e individuales de los miembros de la familia tanto en la profesión como en la familia misma, así como el reparto e interacción de roles profesionales y familiares. Estas mismas reglas han de ser coherentes, es decir, los  miembros de la pareja los deben percibir como un proceso comunicativo ordenado, no contradictorio, estructurado y claro. A ello viene a añadirse una cultura o modo de discutir positivo, que considera las necesidades del otro, su deseo de libertad de movimiento y su pertenencia a otros grupos, lo que también contribuye a afianzar las costumbres compartidas a modo de símbolos, usanzas y rituales e incluso puede crear eventualmente ciertos mitos.

El vínculo con el aspecto profesional en el proceso co-evolutivo intenta establecer la ética empresarial de hoy, dado que la división del trabajo en las economías nacionales han de considerarse siempre como un contexto solidario. Adquiere gran importancia la ampliación de las cosas que dan sentido a la vida, no sólo de la plenitud material, en el sentido de posibilidades de despliegue libremente elegidas. Los derechos cívico-económicos deseados requieren a modo de fundamento una ética económica según la cual el individuo se declara dispuesto a persiguir sólo las metas compatibles con las prescripciones de legitimidad de una sociedad ordenada de ciudadanos libres y iguales. De la empresa ha de reclamarse una vinculación autónoma a los principios de la integridad comercial en el trato con todos los grupos de interesados (stakeholders) y la responsabilidad ética respecto al bien común (corporate citizenship). El objeto de la ética empresarial no es otro que la moral de la empresa manifestada en la cultura de la propia empresa. La mentalidad y el sistema de valores que dan sentido a las cosas tienen desembocan en la formación deuna identidad específica empresarial (identidad corporativa), que se manifiesta en el sistema de reconocimiento y participación. No todos los directores las empresas han comprendido que el reconocimiento y la justicia en la empresa, no ya el dominio de los mecanismos de mercado, serán los factores decisivos de éxito.

De este modo tampoco se tiende sin más un puente entre la ética empresarial y la ética familiar. Ambas se siguen enfrentando como bloques férreos. En el régimen real de la ética empresarial sigue existiendo “un superior y un inferior“ en las empresas, o sea, una estructura centrada, al margen de su jerarquía, en las instrucciones y la ejecución, mientras que en las familias de personas cultas tanto profesional como intelectualmente (nuestro grupo de destinatarios) domina la camaradería en el modo de hacer las cosas.

La persona ya no se puede establecer en uno u otro mundo, ya que la sociedad y, por ende, también el mundo laboral, intervienen en los asuntos de la familia con nuevos programas de ordenamiento. Si no se consigue desarrollar nuevas reglas éticas para el mundo profesional acordes a la ética familiar, se agrava al menos el conflicto ético existente entre la profesión y la familia. Este código o reglamento podría consistir en el concepto de “liderazgo entendido como servicio“. El pensamiento ético principal, la protección del espacio vital personal del trabajador frente al control y la dependencia de la empresa y del Estado disminuye constantemente, ya que ambos se adentran profundamente a través de los programas de promoción familiar en el meollo de la noción que tienen las familias de sí mismas. La familia se ve considerablemente influenciada por la sociedad. Por otra parte, en las empresas tienen lugar procesos de democratización. Empezaron con ello hace varias décadas con la delegación vertical (desde arriba hacia abajo) de responsabilidades, y ahora parecen invertirse cada vez más, por una ola de individualización de abajo hacia arriba que está modificando las estructuras y los procesos empresariales. Tiene lugar un distanciamiento de las relaciones laborales normales y la creación de nuevos proyectos de vida, hacia las “carreras de conciliación”, cuya orientación depende de la fase vital por la que se esté pasando y que tienen por consecuencia unas biografía a modo de retazos. Quien, no obstante, rechace la influencia creciente de la sociedad en la familia tan sólo aceptará aquellas prestaciones socio-familiares del Estado, así como programas de política familiar de las empresas que le permitan un alto grado de autonomía familiar; se pondrá a la búsqueda de una estrategia de superación propia en su profesión.

En esta búsqueda, la coherencia se manifiesta no solamente como algo inherente a la personalidad sino también como un recurso más. La vivencia de la coherencia es un  recurso de la salud y al mismo tiempo parte integral de la salud misma. Las soluciones relativas a la conciliación de la vida profesinal y familiar siguen dos modelos rectores, a saber, el de la compatibilidad secuencial y el de la compatibilidad simultánea. Si, como se ha expuesto, seguimos el modelo de la compatibilidad simultánea, hemos de considerar los requisitos personales, las motivaciones y las aptitudes que ponen en marcha el proceso de autorrealización y que tienen como consecuencia un alto grado de identificación tanto en la familia como en la profesión. Los móviles no son otros que las experiencias de flujo descritas, el reconocimiento personal, basado en el instinto de la agresividad y el sentido de pertenencia al grupo de trabajo, fenómenos que incitan al rendimiento. La capacidad especializada del personal directivo es su aptitud social cualificada, lo cual no significa el dominio de otras personas sino el dominio de sí mismo y coincide con las virtudes cristianas de la sabiduría, la prudencia y la moderación.

El desarrollo del personal directivo como desarrollo de la personalidad nos lleva a los planteamientos más destacados para solucionar los conflictos profesionales, al “liderazgo entendido como servicio“. No se trata de un concepto ni de una técnica sino de una posición ante la vida. Se trata de la siguiente cuestión: ¿qué puedo hacer yo por los demás de modo que prosigan con su desarrollo personal y puedan realizar con éxito los fines que compartimos? El liderazgo entendido como servicio, según fue desarrollado por Robert Greensleaf en 1970, considera las cualidades de la persona, el trabajo y el sentido de unión de forma global, presuponiendo una comprensión espiritual de la identidad, la misión a cumplir, las visiones y el medio ambiente. Con esta misma postura nos encontramos precisamente en lo que podríamos llamar el pasillo de la acción individual a fin de manejar conflictos, por una parte, como personal directivo en el ámbito profesional y, por otra, como cónyuge en el ámbito familiar, así como poder superar los conflictos en los dos ámbitos vitales. El liderazgo entendido como servicio en la profesión es una clave que nos permite disminuir las tensiones existentes entre la carrera profesional y la familia. Los elementos esenciales del liderazgo entendido como servicio fueron ya descritos de modo particular. Partiendo de ellos puede desarrollarse un nuevo modelo de directivo, que se libre de su miedo primordial y consiga una nueva confianza, igualmente primordial, que refuerce su sentido de coherencia en el mundo profesional.

La conducta social de los individuos de nuestras sociedades occidentales pende entre dos polos, la individualización y la colectivización. ¿Cómo se desarrollará en el futuro? Integraremos nuestras propuestas de solución expuestas en los anteriores capítulos en un todo complejo. Los elementos tanto teóricos como empíricos que cohesionan todas las estrategias de superación expuestas no son otras que el concepto de salutogénesis. Para comprender la búsqueda de sentido e identidad tanto en la profesión como en la familia como proceso co-evolutivo integral, hemos de superar la mentalidad a corto plazo de una sociedad impaciente y, por ende, el conflicto presente entre el carácter y la experiencia. Puesto que la experiencia de una época fuera de contexto amenaza la aptitud humana de fraguar el propio carácter como expresión de una sólida trayectoria de vida.

Las generaciones venideras lograrán desarrollar un sentido de coherencia de grupo cuando el grupo al que se pertenezca logre a su vez crear una visión compartida del mundo y ello tanto en la familia como en el mundo profesional. La conciencia de grupo necesaria para ello surge del comportamiento colectivo de los miembros del grupo, que se pone de relieve en mitos y rituales, en el humor, la lengua y ciertas ceremonias.

Las estrategias de superación que hemos expuesto para ambos grupos, tanto para la familia como para el equipo de trabajo, se entrecruzan, pero no se solapan plenamente. El mejor planteamiento de solución para la co-evolución de la profesión y la familia consistiría, en caso de lograrse, en que ambas estrategias de superación se cubrieran plenamente. También parecen transitables otras vías conducentes a estas metas, siempre que apliquemos el liderazgo con camaradería al mundo profesional y el liderazgo entendido como servicio a la familia o, dicho de otro modo, siempre que entrelacemos ambas modalidades de superación entre sí.

El primer planteamiento describe el liderazgo con camaradería en la profesión. Requiere dos o más personas que se repartan el poder y aúnen sus fuerzas a fin de alcanzar las metas compartidas. Este tipo de liderazgo se fundamenta en que los individuos se comporten como compañeros o socios, desarrollen una visión conjunta, se planteen metas y asuman responsabilidades conjuntamente. El liderazgo con camaradería es indivisible, ha de abarcar todas aquellas situaciones en que se tomen decisiones en las empresas y no debe limitarse únicamente al trabajo de proyectos.

El segundo planteamiento describe el liderazgo entendido como servicio en el seno de la familia. En la medida en que los actores aprendan a servirse a sí mismos en la familia desarrollan igualmente un espíritu de servicio mayor frente a los otros miembros. Aprenderán entonces los elementos esenciales del liderazgo entendido como servicio: un modo activo de escuchar, empatía, conciencia, capacidad de persuasión, imaginación, amplitud de miras y reconocer en el trato responsable de los otros miembros un recurso más a la hora de desarrollar un intenso sentimiento de coherencia en la familia. Van por buen camino hacia el cargo de “cabeza de familia con espíritu de servicio“, que reconoce el conflicto dentro y fuera de la familia como fenómeno comprensible, manejable e incluso con sentido.

La estrategia de superación expuesta es esta: el liderazgo con camaradería en la profesión y el liderazgo entendido como servicio en la familia se corresponden a lo que hemos descrito como espíritu de servicio. La co-evolución de la profesión y la familia puede tener éxito siempre que las personas acepten su función de liderazgo en ambos ámbitos de la vida de forma responsable e íntegramente. Esto mismo presupone un comportamiento basado en la veracidad, no en la manipulación, en la aclaración justa de los conflictos, no en su represión o combate violento, en la
reconciliación de las posiciones, no en la lucha por el poder ni en dejar que el interés
personal del otro prevalezca sobre el propio. ¿Se trata de una meta demasiado  elevada? ¡En absoluto, empezamos a alcanzarla dando el primer paso hacia ella!

Cabe esperar que la responsabilidad del individuo frente a la solución de los conflictos
pueda respaldarse perdurablemente en el marco de las nuevas expectativas sociales,
influencias o incluso presiones que postulan un nuevo modelo de persona.